EL OCIO CREATIVO
Si hay paz interior, hay paz en el mundo. Sólo en la serenidad, en la paz con uno mismo advienen la alegría, la salud y la libertad
¿Puede haber paz en nuestros corazones cuando se vive enredado en una vida de intranquilidad, obrando a partir del temor, de la exigencia desmedida, la competencia y el individualismo?
Pareciera que la vida misma pasa sin que la mayoría de las personas la vivan con plena conciencia, corriendo agitados para alcanzar cosas que en el fondo nunca satisfacen.
En nuestra sociedad si no se hace nada que sea redituable –económica o socialmente– parece que se es inútil, que no se es nada. ¿Será así? ¿O será que la nada o esa sensación de vacío emergen cuando se pierden las pequeñas cosas de la vida, las que verdaderamente enriquecen el alma?
Faltan el silencio y el genuino disfrute en nuestras vidas, falta el tiempo del verdadero ocio creativo. Ese tiempo para entregarse a la contemplación, escuchar nuestra voz interior que suele susurrarnos las verdades más profundas, ese tiempo para descubrir que no se sabe nada y que en ello hay una enorme libertad para seguir explorando, ese tiempo para estar con lo que uno sencillamente es, para reír y jugar, recuperar el contacto con la naturaleza, para estar afectivamente presentes en nuestros vínculos más íntimos.
El hombre civilizado suele tomar vacaciones quince días o un mes al año. Para muchos ese período consiste en un mero cambio de lugar ya que el nivel de actividad, el bullicio y el aturdimiento siguen siendo los mismos aunque parezcan divertidos. Para la gran mayoría hay una división tajante entre el tiempo de descanso y la fatigosa vida de todo el año, la de todos los días.
Etimológicamente “vacacionar” tiene el mismo significado que “vaciar”. De hecho, las vacaciones son una excelente oportunidad para vaciar las tensiones de nuestro cuerpo, vaciar la sobrecarga emocional, vaciarnos de preocupaciones y del incesante parloteo mental.
Si una persona se tomara al menos un tiempo diario de vacaciones para relajarse, encontrarse consigo mismo, para aprender a hacer nada, al final del año estaría mucho más descansada.
¿Nos damos el permiso para regalarnos ese momento íntimo de un encuentro simple y gozoso con nosotros mismos?
El don de la sencillez
La conciencia personal acerca de la necesidad del reposo y del descanso en sí mismo implican ya un buen grado de salud, puesto que a partir de ese descanso se regeneran las funciones vitales.
En el descanso hay quietud y sólo en la quietud adviene el verdadero silencio; en el silencio todo nuestro potencial humano se vivifica y se repone.
El contacto con la naturaleza nos permite generar un hondo silencio y contemplar la vida en su totalidad. Y también del hondo silencio brota la oración más profunda y no los meros ruegos verbales.
El ocio creativo permite conectarse con las sensaciones, con los sentidos, con la posibilidad de desestructurarse, de flexibilizarse y de romper con los moldes conocidos.
¿Podemos estar libres de apremios, de obligaciones artificiales, de esfuerzos inútiles que implica el vivir tan proyectados hacia el exterior?


