domingo, 20 de mayo de 2007

EL OCIO CREATIVO

Si hay paz interior, hay paz en el mundo. Sólo en la serenidad, en la paz con uno mismo advienen la alegría, la salud y la libertad

¿Puede haber paz en nuestros corazones cuando se vive enredado en una vida de intranquilidad, obrando a partir del temor, de la exigencia desmedida, la competencia y el individualismo?

Pareciera que la vida misma pasa sin que la mayoría de las personas la vivan con plena conciencia, corriendo agitados para alcanzar cosas que en el fondo nunca satisfacen.

En nuestra sociedad si no se hace nada que sea redituable –económica o socialmente– parece que se es inútil, que no se es nada. ¿Será así? ¿O será que la nada o esa sensación de vacío emergen cuando se pierden las pequeñas cosas de la vida, las que verdaderamente enriquecen el alma?

Faltan el silencio y el genuino disfrute en nuestras vidas, falta el tiempo del verdadero ocio creativo. Ese tiempo para entregarse a la contemplación, escuchar nuestra voz interior que suele susurrarnos las verdades más profundas, ese tiempo para descubrir que no se sabe nada y que en ello hay una enorme libertad para seguir explorando, ese tiempo para estar con lo que uno sencillamente es, para reír y jugar, recuperar el contacto con la naturaleza, para estar afectivamente presentes en nuestros vínculos más íntimos.

El hombre civilizado suele tomar vacaciones quince días o un mes al año. Para muchos ese período consiste en un mero cambio de lugar ya que el nivel de actividad, el bullicio y el aturdimiento siguen siendo los mismos aunque parezcan divertidos. Para la gran mayoría hay una división tajante entre el tiempo de descanso y la fatigosa vida de todo el año, la de todos los días.

Etimológicamente “vacacionar” tiene el mismo significado que “vaciar”. De hecho, las vacaciones son una excelente oportunidad para vaciar las tensiones de nuestro cuerpo, vaciar la sobrecarga emocional, vaciarnos de preocupaciones y del incesante parloteo mental.

Si una persona se tomara al menos un tiempo diario de vacaciones para relajarse, encontrarse consigo mismo, para aprender a hacer nada, al final del año estaría mucho más descansada.

¿Nos damos el permiso para regalarnos ese momento íntimo de un encuentro simple y gozoso con nosotros mismos?

El don de la sencillez

La conciencia personal acerca de la necesidad del reposo y del descanso en sí mismo implican ya un buen grado de salud, puesto que a partir de ese descanso se regeneran las funciones vitales.

En el descanso hay quietud y sólo en la quietud adviene el verdadero silencio; en el silencio todo nuestro potencial humano se vivifica y se repone.

El contacto con la naturaleza nos permite generar un hondo silencio y contemplar la vida en su totalidad. Y también del hondo silencio brota la oración más profunda y no los meros ruegos verbales.

El ocio creativo permite conectarse con las sensaciones, con los sentidos, con la posibilidad de desestructurarse, de flexibilizarse y de romper con los moldes conocidos.

¿Podemos estar libres de apremios, de obligaciones artificiales, de esfuerzos inútiles que implica el vivir tan proyectados hacia el exterior?

No hay nada ni nadie que pueda hacer por uno, lo que uno puede hacer por sí mismo. El don de la sencillez consiste en comprender que no podemos vivir haciendo más de lo humanamente posible y dentro de lo humano está la necesidad fundamental de darnos el tiempo para la contemplación, el gozo y la celebración.

ABURRIMIENTO


Vivimos en una sociedad del ya, del ahora mismo. La idea es no sentir necesidades, que no nos falte nada, de tener todo al alcance de las manos; que en lo posible todo, sea rápido e inmediato. La idea es estar llenos sin importar de qué, llenos de imágenes, de comida, con los oídos a pleno con todos los sonidos cuanto más fuertes mejor.
¡¡¡Guau!!! ¡Qué interesante, tenemos la vida tan a pleno, que no tenemos tiempo para nada!
¿Pero qué pasa cuando queda un poco de tiempo libre?
¡¡¡El tiempo libre queda sin tener una identidad propia!!!
¿En qué lugar lo colocamos? ¿Ahora que hacemos? Queda un vacío imposible de llenar.
Ahí es donde aparece e
l aburrimiento. Le ponemos nombre a ese vacío: ¡¡¡ESTAMOS ABURRIDOS!!! Y nos ponemos ansiosos;
¿ahora que hacemos? Se nos ocurre algo genial: COMER.

Es placentero, es inmediato, es un placer que conseguimos con muy poco esfuerzo.

¡La comida es la mejor amistad que podemos tener! Está cuando realmente la necesitamos, nunca nos dice que no. No se enoja si la mordemos, escupimos, si la dejamos; no se ofende... ¡¡¡es genial!!!
Ahora, cuando este impulso nos invade, deberíamos dar un paso atrás y pensar un segundo si es realmente esto lo que queremos hacer. Y si así fuera, entonces deberíamos disfrutarlo sin culpa.
Pero si nos damos cuenta de que no lo queremos hacer, podríamos dejarle este lugar al ocio creativo;
el tiempo libre que está conectado íntimamente con nuestros deseos, nuestra subjetividad y nuestros aspectos creativos.

martes, 8 de mayo de 2007

EL OPTIMISTA NACE O SE HACE???

¿Alguna vez se preguntó por qué hay personas que evolucionan ante los problemas? ¿Por qué algunos enfermos recuperan sus fuerzas y hasta su salud y otros con antecedentes similares nunca se recobran? ¿El optimista nace o se “hace”? Por supuesto que hay quienes nacen optimistas, pero sin dudas, desde que nacemos, las necesidades de aprender y corregir son incesantes y podemos --y debemos-- aprender a ser optimistas. Es una decisión que no todos ponderan genuinamente.

Un elemento fundamental que hace del optimismo algo subjetivo es que involucra el modo en que se interpreta la realidad. Para el optimista la vida es básicamente un desafío. Evalúa, y frente a lo dado, opera positiva y creativamente.

¿Hoy tenemos un día parcialmente nublado o parcialmente soleado?, ¿el 50 % de los matrimonios acaban separándose o el 50 % se mantiene estable?, ¿las rosas tienen espinas o las espinas tienen rosas?, ¿el vaso de agua está medio lleno, medio vacío o tiene el doble de tamaño del que debería tener? ¿Usted que opina? ¿Cómo evalúa? El optimismo es un modo de entender la propia experiencia, y ser optimista, por lo tanto, es un modo mental de entender y verse en el contexto. El optimista no desestima las dificultades sino que las asume y las enfrenta con lucidez, con creatividad, jugando con las posibilidades. Cuenta con una actitud muy afortunada que resulta ser muy eficaz en los momentos en que las circunstancias parecen dificultarse: siente una tendencia a buscar nuevas experiencias, insistir, empezar de nuevo, asumir la vida.
Sin duda el optimista tiende a evaluar más los aspectos negativos de las cosas que los pesimistas evaluar lo positivo. Es el que al ver la realidad trata de crear su propio mundo, para darle sentido a su existencia.

Como esos dos presos de alta peligrosidad que son trasladados hasta la prisión en la que deberán cumplir sus sentencias. Una vez adentro comprueban que les ha tocado la misma celda. Como no se conocen entablan conversación con cierta cautela:
-- ¿Cuántos años te dieron?
-- Ciento treinta ¿y a tí?
-- Noventa y cinco, así que ¡déjame la cama más cercana a la puerta, que yo salgo primero!

Los diccionarios suelen definir al optimismo como la propensión a ver y juzgar las cosas desde el aspecto más favorable. Viene de “óptimo”: sumamente bueno, no puede ser mejor. Se exterioriza con el entusiasmo. Y agregan que el optimismo otorga tranquilidad, seguridad y confianza.

Para buscar el origen de este superlativo se remonta a los pueblos indoeuropeos, tribus nómadas prehistóricas que entre 1.500 y 2.000 años antes de Cristo partieron del Asia Menor hacia Europa y el Indostaní; ellos usaban el vocablo op, con el significado de producir mucho, en abundancia, más de lo habitual. Y por si esta abundancia no fuera suficiente, podían añadir a op el sufijo -tamo, dando lugar a op-tamo (el que produce más). Como algunos de esos pueblos se fueron a instalar a la Península Itálica, op-tamo se acabó incorporado al latín bajo la forma optimus (lo mejor).
Bueno, he terminado de explicar algunas emociones. Así que a celebrarlo con una sonrisa. Vamos, empeza a sonreír. Aunque no tengas ganas.
Esto que te pido tiene un buen fundamento. ¿Cómo? ¿Que t parece demasiado apresurada la propuesta porque todavía no conoce dicho fundamento?

Está bien, hacelo aunque sea para ejercitar tus músculos faciales, los que intervienen en la sonrisa. Por ahora, por puro entrenamiento físico.

Sonreí, por favor, sonreí.

martes, 1 de mayo de 2007

PARA ELLOS TAMBIEN HAY

PUBLICIDAD DE MEXICO PARA MEDITAR, SEÑORES PUBLICISTAS !!!(NUESTRO PAÍS FUE CONCEDIDO A SEGUNDO LUGAR EL MUNDO CON PROBLEMAS DE LA OBESIDAD)

A FAVOR DE LA ACTIVIDAD FÍSICA!!!!